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Después de ocho meses de la última entrada, meses leyendo blogs, casi estudiándome la página web de Brompton y no dejando otras posibilidades fuera de juego, por fin tengo la bici en casa.

La verdad es que en estos meses en que mi condición obligada y orgullosa de peatón me ha hecho patear más la ciudad me he ido fijando en cada una de las bicis que pasaba por mi lado. La crisis, si algo bueno puede tener, es que ha disparado el uso de la bicicleta en los desplazamientos por la ciudad. Cada día son más los txirrindularis que se ven en la ciudad aunque desgraciadamente el Ayuntamiento Iruñea, con el alcalde de UPN a la cabeza no ha ido a la par de este incremento de ciclistas urbanos. Me comentaba Aitor, uno de los dos hermanos que regentan Bigarren Eskua (una de las dos tiendas de bicis con más solera de Alde Zaharra) que el negocio va viento en popa, que la gente compra bicis, que las utiliza, que las vende, que las cambia por otras… pero que estamos a años luz de una verdadera normalización del uso de la bici en la ciudad, en este caso, en Iruñea. Y me acordaba que hace un mes escaso los rinocerontes del Ayuntamiento, como los llamaría Òscar Patsí en su libro La revolución de las mariposas (que otro día comentaré) presentaron el Plan Seguridad Vial cuya principal característica es seguir situando a peatones y ciclistas en un plano de confrontación y restringir la normativa para el uso de la bici en la ciudad (como siempre los rinocerontes de UPN al destiempo de los tiempos).

El caso es que mientras hacía frente a la incertidumbre de una posible multa en una sentencia, depuraba mis deudas, buscaba alternativas para la compra de la bici y demás me puse en contacto con una tienda de Barcelona (más que nada porque me daban la posibilidad de poder pagar la señora bicicleta en tres cómodos plazos sin intereses), seguía parándome en el escaparate de Bigarren Eskua y pensando en el día en que podría moverme con mi bici por Iruñea. Y soñando soñando hasta que el sueño se hizo realidad.

En estas estaba un día atendiendo el restaurante al mediodía, un día entre semana, de esos que te dan más posibilidades para hablar y conversar con el cliente y hete ahí que entra Aitor en el jantoki para comer… Epa, zermoduz, ba hementxe ea bazkaltzen dudan, oso ongi ba etorri zara leku aproposena, bai bai hori esan didate… y tira, seguimos hablando y le comento lo de la tienda de Barcelona. Y se lo comento porque aunque es verdad que aquella tienda me daba muy buenas sensaciones por la filosofía, por la profesionalidad que me habían demostrado y demás, me quedaba la pena de no poder comprar la bici en una tienda del barrio, porque sí, soy de los que piensan que mejor comprar al vecino del tercero que al que dirige un cotarro desde un despacho a miles de kilómetros. Pues eso, que le comento el tema y lo del pago en tres plazos y me suelta que con ellos no hay problema, que esa posibilidad también la voy a tener. ¡Y no os podéis imaginar la alegría que me dio! Así que ese mismo día salí del trabajo y me encaminé a la tienda. Vi unas cuantas Brompton por allí y tal y entonces me comentaron la posibilidad de poder comprar una Brompton de segunda mano…

No es lo que más me apetecía porque una bici de segunda mano puede tener pequeñas historias del uso o mal uso del anterior propietario (palabra terriblemente capitalista.. pero no se me ocurre otra!)… el caso es que al final me decidí por ella por varios asuntos. Era de segunda mano pero estaba utilizada en tres, y cuando digo tres son tres ocasiones, tenía un precio inmejorable, el anterior dueño era una persona de la máxima confianza y los hermanos Txarterina me dijeron que era una oferta inmejorable. Así que nada, me lancé y ayer mismo fui a la tarde a recogerla.

La sensación es como la ilusión de un niño con un nuevo descubrimiento. Así me sentía yo, feliz, feliz. La recogí, me explicaron como se dobla y se desdobla… y me la llevé puesta. Un par de recados y a casa. Diez minutos para cuando decidí a subirla doblada a la mitad (en la tienda me pareció tan fácil). Entré en la página web y leí las instrucciones. Practiqué y me las imprimí para volverlas a leer con tranquilidad.

Qué gozada volver a sentir la frescura de la mañana en tu cara mientras vas peladeando, observas la ciudad que discurre a tu par, sin ruidos, con tranquilidad, sin molestar a nadie con bocinas… tenía pensado llegar al curro y con tranquilidad doblarla en la puerta, sin presiones pero… he llegado y había unos cuantos gaupaseros que me han animado y jaleado mientras la doblaba… luego cuando he salido también la gente miraba… en fin, me imagino que me acostumbraré.

Mientras tanto me conformo con seguir sintiendo el aire fresco de Iruñea por la cara!

P.D. Me quedo escuchando Non Piu Andrai, Farfallone Amoroso, de la ópera mozartiana Le Nozze di Figaro, un aria para barítono, porque precisamente barítono es, y de los buenos, el anterior dueño de mi Brompton, y una aria que invita al pobre Cherubino a marchar por los caminos, haga nieve o sol, por montañas y valles… Ay si el juguetón Cherubino hubiese tenido esta Brompton! A la gloria militar esa le iban a dar por allí!

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